Una voz profética en el desierto

A un año de la muerte del Obispo Jorge Novak.

En la madrugada del 9 de julio del año pasado fallecía en Quilmes el “padre obispo”, como él prefería que lo llamaran, Jorge Novak. Desde 1995 a 1998 un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Quilmes, bajo la dirección de Emilio Fermín Mignone, ha desarrollado una investigación sobre la acción de la Iglesia de Quilmes y de su obispo durante la dictadura militar.

Uno de los integrantes de esa comisión, Rodolfo Luis Brardinelli, ha hecho una selección de textos para la revista del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de Buenos Aires donde resalta la actitud profética y valiente del obispo Novak durante los “años de plomo” en Argentina. A principios de 1976 el p. Jorge Novak era presidente de la Conferencia Argentina de Religiosos (CAR) y desde allí tuvo sus primeros contactos con el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH); una vez consagrado obispo de Quilmes ese mismo año, inmediatamente se le ofreció ser copresidente del mismo. Quilmes, que fue la única diócesis católica integrada al MEDH hasta 1983 (después se le unieron Neuquén y Viedma), fue escenario en la Navidad de 1976 del primer acto público ecuménico de esa organización. Sobre ese movimiento dijo Novak: “No exagero si digo que en la historia del movimiento ecuménico universal va a tener que figurar nuestra obra; desde el dolor y las angustias compartidas hemos apurado el abrazo final de las Iglesias Cristianas”. Allí, con Novak y Hesayne, actuaron grandes figuras de pastores y obispos protestantes como Gatinoni, Etchegoyen, Pagura, etc..

El mismo día que se conoció el nombramiento de Novak como obispo, moría asesinado en La Rioja Enrique Angelelli (“Yo me considero un poco el que tomó la antorcha de este hombre; siempre me ha inspirado su ejemplo”, dirá Jorge Novak). Si éstas fueron las inspiraciones, el contacto con la realidad y los problemas dramáticos de la gente decidieron definitivamente la vida del obispo que venía de ambientes mucho más tranquilos y sosegados. “Yo me siento obispo cuando entro en contacto con la gente… -afirmó-. No hice ningún lavado de cerebro, no tuve que hacer ningún viraje, sino simplemente despertar a la realidad… Al interesarme por ejemplo por los que perdieron el trabajo cuando cerró la Peugeot, tuve que aplicar la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia y definir una actitud.”

Sobre el tema de los desaparecidos dijo: “Horas y horas escuchando, frente al horror de los relatos de los secuestros, frente al dolor y a las lágrimas. Esto me moldeó como pastor y absorbió gran parte de mi vida”. Novak había abierto las puertas de su despacho a todos y todos los días. “Yo nunca dudé en recibir a los familiares de los desaparecidos porque siempre fue mi principio que la Iglesia debe estar abierta a todos; yo no pensé si convenía o no convenía, si traía mala o buena fama… Tengo colgada en la pared del despacho una frase de San Agustín que es mi guía: ‘Las puertas están abiertas, más las del corazón’.”

A partir de junio de 1979 hasta noviembre de 1981 Novak organizó las Misas mensuales para los desaparecidos. La primera la celebró en la catedral de Quilmes. Novak recuerda que en esa Misa rezó así: “Señor, no tienen que morir las ovejas, sino el pastor; el pastor tiene que dar la vida por las ovejas. Señor, yo entonces ofrezco mi vida para que termine esta tragedia.” Y añade: “La oración me salió realmente del corazón pero no niego que tuve miedo; son ofrendas que Dios toma en serio”. Por razones de seguridad, las Misas se celebraban todas las veces en parroquias distintas y el aviso se hacía boca a boca el día anterior o inclusive el mismo día de la celebración; y se llenaban de gente. En esas Misas, el obispo hablaba muy abiertamente, a pesar de ser vigilado, y daba lugar a la intervención de los concurrentes creando un clima de confianza y solidaridad. En julio de 1978, Novak crea la Comisión Diocesana de Justicia y Paz, que recopila miles de denuncias que envía al Vaticano. En la carta pastoral de Navidad de 1978 el obispo denuncia “los asesinatos a mansalva, los secuestros, el fenómeno de los desaparecidos, de las detenciones sin causa declarada, de las torturas físicas y morales”.

La postura de Novak resultaba cuestionadora para sus pares del episcopado que habían adoptado posiciones por lo menos de omisión. Recuerda Jorge Novak: “Todo el episcopado estaba por lo menos omiso; es lo mínimo que se puede decir. Y nuestra feligresía dependía de los medios de comunicación, dependía de esa imagen de Iglesia”. La gente no leía los documentos sino que veía por televisión a militares y obispos juntos.

En octubre de 1976 el ministro Martínez de Hoz charló durante dos horas con todos los obispos de la Conferencia Episcopal y se quedó a cenar con ellos.

Al día siguiente Novak habló a los obispos denunciando esa consus-tanciación con el gobierno militar y pidió que también pudieran hablar con los obispos los de la vereda de enfrente: los políticos, la gente, las madres… Esas palabras cayeron en el vacío y lo mismo pasó en otras ocasiones cuando por ejemplo hablaron a los obispos y comieron con ellos los generales Harguindeguy y Martínez…

Sobre estos hechos, Jorge Novak comentó: “Los obreros, con el católico Custer entre ellos, pedían por favor ser escuchados por los obispos; después de mucho insistir, fueron recibidos al finalizar la cena porque ellos no podían cenar con los obispos, y en la portería y no por todos sino por tan solo unos doce obispos… Son pruebas contundentes de que el episcopado como colegio estaba afectivamente con los militares… El pensamiento común era que los militares eran buenos católicos y merecían ser escuchados.” Cuando en el ’77 Novak propuso a la asamblea plenaria de obispos que se constituyera una comisión a nivel nacional para la defensa de los Derechos Humanos siguiendo el ejemplo de la Vicaría de la Solidaridad de Chile, todos votaron en contra excepto Jaime de Nevares y Miguel Hesayne.

Una de las cosas que más le dolió a Novak fue cuando en el año ’79 viajó a Alemania ya que la organización católica “Misereor” había enviado una ayuda y prometía enviar más para la obra del MEDH a favor de las víctimas de la represión. Allá le negaron esa ayuda “porque de la Conferencia Episcopal Argentina amenazaron con denunciarnos si seguíamos ayudando. Nunca más pudimos recibir nada. Así que la ayuda nos llegó después siempre a través del Consejo Mundial de las Iglesias”.

Jorge Novak no se achicó cuando en San José de Costa Rica se enfermó gravemente, quedando al principio paralítico.

Así como no se había amilanado en los peores días del proceso militar cuando en la noche volvía solo a su casa manejando su coche. “Sabía que la mía era una voz que podía molestar, una voz de la Iglesia que no se limitaba a los temas del templo. Pero nunca me puse nervioso, nunca me enfermé por eso. Todo lo vivía en la oración, escuchando la voz de mi conciencia.” Y añade: “No hice todo, ni remotamente, lo que podía haber hecho, lo que debía haber hecho… Pero espero que Dios sea misericordioso conmigo por haber acompañado en el dolor a tantas familias”.

Primo Corbelli

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Fuente: Revista “Umbrales”,
Nº 130, agosto 2002

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