Un Cristo antropológico

Mi último encuentro con el Padre Obispo Jorge Novak:

Hay horas en la vida que uno no puede prever y mucho menos programar, que simplemente son un regalo enorme e inmerecido de Dios. Una de estas horas de mi vida, que jamás olvidaré y por la cuál estoy infinitamente agradecido, es el último encuentro -tan imprevisto- que me fue regalado vivir con nuestro querido obispo Jorge. Me permito compartirla con Ustedes hoy, porque sin duda fue una de las horas más profundas de mi vida.

En la reunión de Junta Pastoral del MEDH del 29 de junio, habíamos decidido enviar una carta urgente al presidente de la Rúa alertando por la dramática situación social y exigiendo un cambio radical de rumbo del gobierno, antes que sea demasiado tarde. Adelanté por teléfono al Obispo el contenido de la carta y solicité poder verlo un momento para su firma. No se me hubiese ocurrido pensar que en esa tarde del jueves 5 de julio el Obispo conversaría conmigo una hora entera. Y jamás hubiese pensado que sería el último de los muchísimos diálogos que compartimos en nuestra vida.

Luego de repasar el texto que el Obispo dedicaría al presidente de la Nación -bajo el cual finalmente escribiría lentamente la última firma de su vida- comenzó a reflexionar emocionada y profundamente sobre las terribles consecuencias que este modelo de exclusión social tiene en la vida de las familias trabajadoras -sin trabajo- y en los más pobres de la diócesis.

Me emocioné intensamente al oír el relato detallado del obispo acerca de lo que se estaba viviendo en una enorme cantidad de familias del pueblo de Dios: él tenía un conocimiento absolutamente exacto y puntual del significado terrible cotidiano de la pobreza de sus hermanas/os más pequeños. Recordó nuevamente sus propios orígenes, señalando sin embargo, que la gran diferencia es que a su familia nunca le faltó el trabajo para ganar el “pan nuestro de cada día”.

Mencionó luego lo que el Padre Francesco Ballarini le comentara de la reunión de Junta Pastoral. Se mostró muy dolido y preocupado por las terribles situaciones que se viven en las demás provincias, tal como informaron los delegados de las regionales. A la vez, y con gran alegría, señaló los progresos y el crecimiento del MEDH durante estos últimos años, tanto en estas regionales como en la oficina central. Le hice saber que se está creando la regional Misiones, que el Seminario Jesuita pidió al MEDH la realización de un curso de Teología y Derechos Humanos y otros programas que estamos proyectando. A raíz de esto, el Obispo recordó detalladamente los problemas que habían debido enfrentar él mismo como Obispo, pero también el MEDH y sus iglesias en el pasado a causa del testimonio que dieron en defensa de los DDHH durante la dictadura. Recordó difamaciones y persecuciones, pero rescató el significado y la gracia de haber podido enfrentar y dar este testimonio como comunidad ecuménica de iglesias.

Luego pasó a hablar de la diócesis y del tercer sínodo que se está preparando. Después de que recordáramos que el primer sínodo de la diócesis fue para mi un hecho fundamental, ya que significó mi propio conocimiento e integración fraternal a la vida de la comunidad diocesana, el obispo dijo textualmente: “Mirá, cuando yo le entregue la diócesis a mi sucesor le voy a decir esto: ‘Yo no le entrego una diócesis con un programa especial. Porque el programa de esta diócesis es Cristo. Un Cristo antropológico, un Cristo encarnado en los hombres, en los pobres. Un Cristo antropológico’ “. Repitió varias veces este término: “Un Cristo antropológico” y luego comenzó a explayarse en lo que fue una verdadera y profundísima clase de teología, donde remarcó que la encarnación de Cristo, el “Cristo en los pobres” fue, desde los Padres, la base teológica esencial de la Iglesia, y lo es hoy de modo urgente. Relacionó esta presencia del “Cristo encarnado en los pobres”. Y relacionó todo eso con el envío misionero de la iglesia en la actualidad.

No pude más que responderle que a mi juicio ésta había sido la base y la vida de esta diócesis a lo largo de sus 25 años de existencia -los de su episcopado- y que por ello seguiría siendo siempre – porque no podría ser jamás tergiversado- el rumbo de esta parte del pueblo de Dios. Le comenté el tremendo impacto que me había causado la celebración del “Corpus Christi ” en Florencio Varela el sábado 16 de junio, que fue un testimonio impresionante de la presencia viva de la promesa y exigencia de Cristo, que en el imprescindible -y hoy tan caro- “pan de los pobres” quiere estar en cada mesa, en cada hogar como poder y esperanza de vida en plenitud.

El obispo me confió que, también para él, la celebración de aquél sábado -frío y lluvioso- tan fuertemente sentida y compartida en esa comunidad enorme a la vez que profundamente espiritual de su pueblo había sido uno de los momento más sublimes de su episcopado. Me dijo: “Sentí durante la operación y los días siguientes y siento también hoy, que sigo viviendo de esa celebración del Corpus Christi, que la comunidad del pueblo de Dios me está sosteniendo y dando fuerzas”.

Luego me dijo: “Me estoy cansando, creo que te vas a tener que ir”. Y me fui, no sin antes recordarle cuánto lo queremos en nuestra familia y que todos estamos rezando por él.

Queridos amigos de esta diócesis: Era esto lo que quería compartir con Ustedes. Pero permítanme agregar algo más: a los evangélicos nos cuesta creer estas cosas y, mucho más aún, decirlas en público, pero yo sé, que nuestro Padre Obispo Jorge fue -y por eso seguirá siendo- un hombre santo. Y que como hombre santo que es, seguirá caminando en medio de Ustedes guiándolos y sosteniéndolos con ese enorme amor que siempre tuvo y tiene también hoy a su pueblo.

Pastor Arturo Blateszky

(Celebración Ecuménica en la catedral de Quilmes el 10 de julio 2001, durante el velatorio del Padre Obispo Monseñor Jorge Novak)

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