Presentación del libro “Jorge Novak, testigo y sembrador de esperanza”

Presentaron el libro homenaje a Mons. Novak

Buenos Aires, 19 Set. 06 (AICA). “Testigo y sembrador de esperanza”, el libro que rinde homenaje a Mons. Jorge Novak, se presentó en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), con la presencia del embajador argentino ante la Santa Sede, Carlos Custer.

El diplomático destacó diferentes aspectos de la vida pastoral del primer obispo de Quilmes, y el padre Marcelo Colombo, coautor de la obra, se refirió a la obra de Mons. Novak por los pobres y a su relación con ellos.

Una nutrida concurrencia escuchó, además, al padre Luis Liberti svd, coordinador del texto homenaje.

La segunda presentación fue en la Universidad Nacional de Quilmes, donde disertaron Mons. Luis Stöckler, obispo de Quilmes, y otro de los coautores, el padre Armando Dessy, quien refirió a la gran cantidad de documentos, cartas y escritos que dejó “el padre-obispo” como se lo conocía a Mons. Novak.

En tanto, el prelado local relató el momento que conoció a Mons. Novak y ofreció distintos aspectos de su personalidad.

Asistieron a este acto, nuevamente el embajador Custer, el obispo de Lomas de Zamora, monseñor Agustín Radrizzani, autoridades de la casa de altos estudios quilmeña y una importante cantidad de público.

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Palabras de Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes

Monseñor Luis Stöcker, durante la presentación del libro sobre Mons. Novak

Agradezco a las autoridades de la Universidad de Quilmes el ofrecimiento de esta Casa de Altos Estudios para presentar aquí el libro en homenaje a Mons. Jorge Novak, a los cinco años de su fallecimiento. En este mismo lugar, hace diez años, se lo había distinguido como Profesor Honorario, especialmente por su defensa de los Derechos Humanos, después de un trabajo de investigación hecho por un grupo de académicos de esta casa sobre “La Iglesia de Quilmes durante la dictadura militar, 1976-1983. Derechos Humanos y la cuestión de los desaparecidos”. Este hecho y este lugar indican ya por sí mismos que la acción pastoral del obispo Jorge Novak no la comprenderíamos, si quisiéramos reducirla al ámbito estrictamente eclesial. Como fiel discípulo de Cristo y del Concilio Vaticano II sabía que “no hay nada verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” y que “la Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (GS 1).

Conocí a Mons. Novak personalmente, cuando integré a partir del año 1985 el Episcopado argentino. Por supuesto, antes había escuchado muchas veces de la diócesis de Quilmes y el compromiso público de su pastor, y sabía de un sacerdote amigo de la admiración por él, su capacidad de trabajo y su magisterio prolífero. En las asambleas de la Conferencia Episcopal, Mons. Novak era más bien reservado, pero pude conocer y apreciarlo de cerca, cuando durante tres años trabajamos juntos en la Comisión Episcopal de Misiones, una tarea que lo apasionaba y a la cual aportaba su conocimiento de historiador y miembro de una congregación misionera. Hoy lo conozco mejor por la obra pastoral y los recuerdos imborrables, que ha dejado en el pueblo que se me ha confiado, como su sucesor. Los aportes de los que han redactado el libro que estamos presentando, son para mí y seguramente para todos los lectores una valiosa ayuda para comprender con mayor profundidad a este pastor extraordinario.

Entre los autores están primero los que han sido sus amigos y confidentes, el obispo Miguel Esteban Hesayne y el obispo metodista Federico Pagura, quienes en pocas líneas nos hacen entender el porqué de su identificación con Jorge Novak. Hesayne lo caracteriza como profeta que habla en nombre de Dios, que contesta y proclama la Palabra de Dios, y que protege y consuela a su Pueblo. Pagura, quien junto a Novak fue fundador del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, expresa la cercanía entre los dos con una cita del testamento de Jorge Novak, donde éste ofrece su muerte, “para que la hora feliz de la plena comunicación de los bienes espirituales se anticipe”, y le dedica un canto poético, intitulado “Sursum corda”, “a mi gran hermano y compañero en la defensa de la vida y en el anhelo apasionado de la unidad del Pueblo de Dios, al servicio del Reino de Dios”.

El articulo “Novak: un hombre de salud-salvación”, cuyo autor es el P. Mateo Bautista, que ha sido su Secretario ejecutivo durante seis años, cuando Novak presidía la Comisión Episcopal de la Salud, se inspira en los encuentros personales durante este período. Lo caracteriza al obispo como “un don donado”, sanador herido, y promotor de la pastoral de la salud. La faz espiritual de Mons. Novak que poco se ha difundido en los medios masivos, en realidad ha sido la fuente en que se originaba su compromiso social. “Como buen buceador de los misterios del hombre en los divinos misterios, Novak era el alma contemplativa del Pozo sosegado de aguas frescas. No contemplaba en el vacío sino en la profundidad del corazón amante y amado de Dios”. Se nota que el autor admiraba al obispo, cuando lo caracteriza como hombre filial, cristificado, pneumático, sosegado, que supo amar, de comunión, misericordioso y viator en verdad y libertad. Al llamarlo a Mons. Novak un sanador herido, el P.Bautista aplica a él una expresión que dice que “la terapia que Jesús pone en marcha es su propia persona”. La enfermedad (Guillain-Barré) que sufrió el obispo fue para todos una pedagogía saludable. Mateo Bautista señala, cómo esta experiencia personal motivó a Novak en la organización de la pastoral de la salud en nuestro país, que hasta esta fecha carecía de este aporte oficial de la Iglesia; empezando por el nombre mismo de esta pastoral, que pone el énfasis sobre la salud, como lo hacían los enfermos que se acercaban a Jesús. Fiel al magisterio de Juan Pablo II, que en muchas oportunidades trató esta temática, se instauró en la Argentina el Día del Enfermo y la Jornada por la vida. El trabajo de la Comisión no se reducía a la sanidad, sino al campo más amplio de la salud-salvación.

El valioso aporte de la Universidad Nacional de Quilmes comprende una introducción del lic. Rodolfo Luis Brardinelli y la documentación pertinente al nombramiento de Jorge Novak como Profesor Honorario en 1996; con el pedido de distinción presentado al Consejo Superior de la universidad, firmado por el Doctor Emilio F. Mignone y otros; una reseña de la trayectoria del obispo de Quilmes de la lic. Luisa Ripa; la Resolución del Consejo Superior; el discurso del Rector de la Universidad, Ing. Julio Manuel Villar; la Disertación del homenajeado; y como agregado, el Testamento de Mons. Novak y Reflexiones suyas, confiadas a un sacerdote, pocos días antes de su muerte. Brardinelli recalca en Novak el sentido de la responsabilidad, a partir del contacto con las familias de los desaparecidos, donde aplicó el axioma pastoral que “el hombre es el camino primero y necesario de la Iglesia”. Responsabilidad asumida, a pesar de la casi total soledad entre sus colegas y a pesar de las limitaciones que le impuso la enfermedad. Alguien que por su función se impone tales sacrificios, dice el autor, “resulta hoy casi un anacronismo, pero sigue siendo un espejo insoslayable para todo el que ejerza algún tipo de responsabilidad”. Luisa Ripa, después de traer los antecedentes de Novak antes de ser obispo, señala cómo se fue formando como tal en medio de los desafíos que se presentaban. Fue nombrado obispo el 4 de agosto de 1976, el mismo día del asesinato de Mons. Angelelli, que siempre fue un modelo para él. “Yo me considero un poco el que tomó la antorcha de este hombre, lejos de mí los méritos de él”, decía Novak. La transformación de Novak se dio a partir de los contactos con los sufrimientos de las familias de los desaparecidos, que lo llevó como pastor a ofrecer a Dios, por primera vez, su vida públicamente para que terminara la muerte de las ovejas. Una segunda y tercera vez hizo lo mismo, cuando la amenaza de la guerra entre las Argentina y Chile, y cuando la guerra de las Malvinas. La autora marca el respeto de Novak por sus sacerdotes, a los cuales comunicaba sus acciones para que estuvieran enterados, pero no presionaba a participar. La misma franqueza tuvo con sus colegas en el Episcopado, al cual siempre ha sido leal, a pesar de las divergentes posturas. Y termina Luisa Ripa la semblanza con el gesto de humildad de Novak, de pedir perdón, en consonancia con Juan Pablo II en ocasión del Gran Jubileo, por los pecados contra el hombre y contra la vida de que personal e institucionalmente haya sido culpable. La Disertación de Mons. Novak, en ocasión de su nombramiento de Profesor Honorario, revela sus convicciones más profundas y la motivación de sus acciones pastorales, en tiempos de los militares y en tiempos de la incipiente democracia. Es útil leerla para conocer los principios fundamentales que para Novak justifican el título de Profesor. En este sentido es significativo que el aporte de la Universidad de Quilmes a este libro incluya el Testamento de Mons. Novak, que podemos considerar como su última lección magistral.

Como una prolongación del aporte de la Universidad de Quilmes relata Luisa Ripa el trabajo de investigación de un equipo, hecha a partir de los archivos del Obispado de Quilmes, publicaciones locales contemporáneas, testimonios de católicos de Quilmes y de tres entrevistas con Mons. Novak. “Para entender un poco más una relación difícil y entregada” es el subtítulo de esta investigación sobre “Jorge Novak y los Derechos Humanos”. Lo más rico de este trabajo son las abundantes citas del mismo obispo, que casi se podrían entender como pinceladas para una autobiografía, sobre todo cuando habla de los motivos y razones de su actuar. Cuando habla de la fuente de sus convicciones: “Agarrarme a la Palabra de Dios y al Concilio Vaticano II”. Cuando habla del ministerio de la consolación frente a la vida concreta de los otros: “Ante este sufrimiento, ante el atropello a la dignidad humana no se puede dejar de tender una mano, la palabra, la oración, y ante todo una ayuda material a aquellos que necesitan”. Cuando habla del respeto de los otros y el cuidado de la vida: “Siempre he creído que era un tema muy delicado, muy difícil y que debía exigir a nadie que me acompañara en esto. Pero tampoco lo ocultaba; así el que quería me podía acompañar”. Cuando habla del discernimiento de la voluntad de Dios en medio de sus pares: “Yo sabía que podía contar con el Concilio. …Porque esa asamblea sí tiene la asistencia del Espíritu Santo”. Cuando habla de la ausencia de una oposición directa: “Sólo la gran fe católica de la gente aceptaba que el obispo pudiera hacer una pastoral que dejaba perplejo. Fue mi sufrimiento la perplejidad en la feligresía”. Y cuando habla de sus limitaciones: “No hice todo ni remotamente lo que podía haber hecho, debía haber hecho”. El gesto conmovedor de ofrecer su vida comenta el obispo con sencillez: “Nunca he tenido miedo…Porque me decía: ‘si tengo que morir, eso está en los planes de Dios’. La idea de ofrecer mi vida la maduré bastante y me planteaba siempre dos cosas: que no hay que hacer teatro y que Dios toma en serio … tenía que ser algo de Dios. … Siempre me hago un planteo de que no puedo ser fariseo, aparecer como gran tipo y también, que me tiembla la piel .. qué menos se puede hacer que ofrecer la vida como Pastor”. Es éste el ideal de su vida: “Yo me siento obispo cuando entro en contacto con la gente …siempre pienso que la vida del obispo es el contacto con sus fieles, como pastor con las ovejas”. Durante su enfermedad sentía una verdadera nostalgia por los barrios. Y después: “De vuelta Dios da la vida, yo agradezco a Dios que he podido estar cerca de eso, no sólo en el campo de los desaparecidos, sino en las ofrendas de mi vida … no morí en ese momento …ahí creo que está el más auténtico Novak”.

En la interpretación de estos testimonios Luisa Ripa se orienta en el planteo filosófico de Paul Ricoeur, en la línea de la hermenéutica teleológica. La voluntad de Dios se manifestaba a Novak en los hechos concretos de la vida, o sea en medio de los conflictos. Los términos “clase” y “pobre” son entendidos por Novak como metáforas de todo lo que atañe lo humano: los excluidos y los que son víctimas de planes homicidas, sea de la violencia represiva sea de un plan económico. La obediencia a la voluntad de Dios, que para el obispo fue central en su pensamiento, es en realidad, dice la autora, “el reconocimiento del rostro del otro en su singularidad absoluta y, en especial, en su dolor propio. El haberse encontrado con personas, lo transformó a Novak.

El aporte de Isabel Iñiguez, de la Comisión Diocesana Justicia y Paz de la Diócesis de Quilmes, que indaga en “La Pastoral de los Derechos Humanos desde una eclesiología de inclusión y comunión”, es como una crónica de esta temática durante los 25 años del ministerio episcopal del obispo en Quilmes. Avalado con significativas citas de su magisterio, refleja este trabajo los variados aspectos no solamente de una diócesis en construcción, sino de la situación en la Argentina y entre los pueblos. La creación de la misma Comisión de Justicia y Paz ha sido un instrumento y respaldo importante en la pastoral del obispo, en colaboración estrecha con el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Desde una instancia moral y no ideológica o partidista, Novak se articuló con claridad y firmeza en cuestiones coyunturales como el indulto, respetando plenamente la autonomía del orden temporal y la responsabilidad personal de los civiles en la administración de la cosa pública. “En mi lucha por la justicia me inspiro en la Palabra de Dios y en el Magisterio de la Iglesia como parte de mi Ministerio Evangelizador. Gravísimos atropellos a la dignidad de la persona humana, vengan de donde vinieren, de las organizaciones terroristas o de estrategias impuestas por un Estado totalitario, han de quedar sometidos al fallo de la administración de justicia contemplada en el orden constitucional: de lo contrario la paz será aparente, de corta duración y apenas una tregua a la que seguirán nuevas violencias (Diario El Sol, Quilmes 04-10-89).“Debemos pedir perdón a Dios y a la sociedad en nombre de la Iglesia, por nuestra cobardía, omisiones y complicidades. No puede, no debe esperarse de la Iglesia otra actitud que la de alentar la acción de la justicia”. Fue esa su actitud frente a los reclamos de vivienda, de salud, de educación, de seguridad. Y concluye la autora: “Con Jorge Novak hemos aprendido a promover de un modo más eficaz y valiente los derechos humanos, desde el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia, mediante la palabra, la acción y la solidaridad concreta, comprometiéndonos en la defensa de los derechos individuales y sociales del hombre, de los pueblos, de las culturas y de los sectores más marginados y desprotegidos”.

Una variante similar sobre el pastoreo de Jorge Novak es el escrito del Pbro. Marcelo Colombo “Optar preferencialmente por los pobres”. Haciendo hincapié en el origen humilde del obispo, de una familia austera y religiosa del interior, de la cual él siempre se acordaba con gratitud y orgullo, describe en cuatro etapas el trabajo a favor y entre los pobres en la diócesis. Novak inspiró una notable actividad a favor de los necesitados, y supo crear una infraestructura importante y rodearse de gente preparada y eficaz en esta misión. Nacieron así la Campaña de la Solidaridad, la Casa de la Caridad, la Casa Cura Brochero, las diversas Casas de la Madre Teresa, la Campaña de la Fraternidad, su acompañamiento de los Sin Techo, de los asentamientos defendiendo el derecho a la propiedad privada para todos, y su apoyo a las iniciativas de la Iglesia Argentina. Las palabras se avalaban con gestos sugerentes, como la Carpa Misionera o la Misa de la Esperanza en el cruce de varias avenidas muy transitadas en el centro de la diócesis, o su última misa pública de Corpus Christi, donde se repartía gratuitamente pan a los hambrientos, en un momento cuando las panaderías querían aumentar su precio.

Como claves para comprender el servicio de Mons. Novak entre los pobres menciona el P. Colombo, como ya lo hemos visto en otros aportes, la obediencia a Dios, con la cual el obispo respondía a las inspiraciones y mandatos de la Palabra y del Magisterio, especialmente del Concilio. El seguimiento de Cristo significaba para él descubrir y servirle en el pobre: en el trabajador desocupado, el jubilado mal pago, el niño sin educación garantizada, el joven sin futuro, los soldados de las Malvinas, las madres de los detenidos y desaparecidos. Entre la evangelización y la promoción había para Novak una conexión necesaria e inseparable. “Se evangeliza sirviendo, se sirve evangelizando”. “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”, fue para él una palabra de orden. Novak tomaba en serio al pobre, como sujeto de su propia dignificación.

Un aporte que refleja el amor y el respeto de Mons. Novak para con su pueblo, de estilo coloquial y familiar, es el testimonio de Eugenio Langer bajo el título “Padre Obispo Jorge Novak, Amigo y Padre de los Diáconos”. La propuesta del Concilio de instaurar de nuevo el Diaconado en la Iglesia católica fue para el obispo desde el comienzo de la diócesis una decisión tomada y dio origen a la Escuela de Ministerios y la búsqueda constante de dar participación cualificada a hombres y mujeres en la evangelización, tomando como modelo la Iglesia de los primeros siglos y a los grandes misioneros de la primera hora en nuestro continente, como Santo Toribio de Mogrovejo y otros. El relato de E. Langer, citando muchas expresiones de Mons. Novak, resulta como un proceso de reflexión en alta voz del obispo. Es una síntesis de su catequesis sobre el Diaconado, que él no entendía como una reedición de este ministerio del pasado en el viejo continente , sino más bien como una profundización y oficialización de los servicios en nuestra propia historia, como los ministerios del doctrinero, del indio catequista, de los fiscales, de los repetidores, sacristanes, rezadores, pero adaptada a las circunstancias actuales, donde la familia y el trabajo del diácono no son circunstanciales para su testimonio como agente pastoral. El escrito trasunta el amor que el autor le tenía a su obispo, como respuesta al amor que sentía Novak por sus diáconos y sus familias.

La visión del Padre Luis O. Alberti svd sobre su hermano de congregación no podía ser otra que la del misionero. Él mira el pastoreo del pastor quilmeño a través del prisma del magisterio de Juan Pablo II y latinoamericano. Sabemos por el testimonio del mismo Novak que de religioso joven había tenido la ilusión de trabajar en Oceanía, donde los verbitas tenían y siguen teniendo puestos misioneros. Los rasgos del espíritu misionero que comunicó J. Novak a la Iglesia local de Quilmes en su afán de “predicar y servir al Evangelio” son evidentes. La inspiración en el apóstol San Pablo en su servicio intrépido e incansable, como la vigorosa imagen de Buen Pastor de un Santo Toribio, fueron para Novak un estímulo constante en su pastoreo. Su testimonio misionero en medio de los humildes de barrio quedó grabado en la retina y el oído de la gente. La impronta que dejó el primer Sínodo cuando se declaró el estado de misión, y las enseñanzas permanentes del pastor dirigidas a las familias, a los jóvenes, a los catequistas y a los ministros ordenados dejaron en claro que la Iglesia debe ser una iglesia de la Palabra. La apertura para las misiones motivó el envío inicial de misioneros a países de primera evangelización. Liberti interpreta que el lema episcopal de Mons. Novak: “Ven Espíritu Santo”, de cierta manera resume todas sus actitudes y acciones.

Termina el libro en las últimas páginas con un testimonio conmovedor, intitulado “Mi último encuentro con el Padre Obispo Jorge Novak”, del Pastor Arturo Blatezky de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, que él compartió en la Celebración Ecuménica de despedida del Obispo Jorge el 10 de Julio de 2001, y que dirige a los “queridos amigos de esta diócesis”. No puedo dejar de manifestar mi conmoción cuando leía este testimonio, que de cierto modo está dirigido a mi pobre persona. “Mirá”, le dijo Jorge Novak a Arturo, “cuando yo entregue la diócesis a mi sucesor, le voy a decir: Yo no le entrego una diócesis con un programa especial. Porque el programa de esta diócesis es Cristo. Un Cristo antropológico, un Cristo encarnado en los hombres, en los pobres. Un Cristo antropológico”. Y agrega Arturo que el ya moribundo relacionó esta presencia de “Cristo encarnado en los pobres” con el envío misionero de la Iglesia en la actualidad. Que un pastor protestante califique a Jorge Novak como un “santo” hace entender que los grandes no son propiedad privada de nadie, sino crean lazos de comunión que traspasan todas las fronteras. “Lejos de mí los méritos de él”, esta expresión humilde de Novak cuando hablaba de Enrique Angelelli, hago mías con respecto a él, y pido a Dios la audacia de tomar entre todos la antorcha para que la luz del Evangelio siga ardiendo.

Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Bernal, 15 de setiembre de 2006

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Fuente: AICA

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