Murió el obispo Novak, un defensor de los derechos humanos en la dictadura

Por: Sergio Rubi

El obispo de Quilmes, monseñor Jorge Novak, murió en la madrugada de ayer en una clínica del Gran Buenos Aires, donde había sido internado el sábado por una recaída que sufrió luego de que el mes pasado fue operado de un cáncer de estómago. Novak, quien tenía 73 años, se había caracterizado por su enérgica defensa de los derechos humanos durante la última dictadura militar. Además de su incansable prédica en favor de los más pobres, su vida austera, bajo perfil y una gran espiritualidad.

Los restos de Novak fueron trasladados a media mañana a la catedral de la Inmaculada Concepción de Quilmes, donde una decena de sacerdotes y una religiosa entraron a pulso el féretro para el velatorio. Hoy, a las 19, el Nuncio Apostólico, monseñor Santos Abril y Castelló, presidirá la misa exequial, tras lo cual el obispo será inhumado en el mismo templo, al lado —según su deseo— de quien fue hasta el año pasado su adjunto, monseñor Gerardo Farrell.

Novak había nacido en el partido bonaerense de Adolfo Alsina. En su juventud, ingresó en la comunidad del Verbo Divino. Fue ordenado sacerdote en 1958. Cursó estudios superiores en la Universidad Gregoriana de Roma. Y fue consagrado obispo (de Quilmes) en 1976. En 1984, durante un viaje a Costa Rica, sufrió el mal de Guillén Barré, que paralizó totalmente su cuerpo. Gracias a su tenacidad, recuperó de a poco su motricidad.

Como miembro del Episcopado, Novak fue cofundador del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) y, con Jaime De Nevares (Neuquén) y Miguel Hesayne (Viedma), pasó a formar parte del trío de obispos que denunció más enérgicamente las violaciones a la dignidad humana del proceso militar. Esa actitud le valió el mote de «obispo rojo» de parte de los jerarcas militares y la incomprensión de varios de sus colegas.

Pese a que Novak siempre fue muy discreto, el periodista José María Poirier —director de la revista católica Criterio— logró hacerle hace un par de años una entrevista para un libro, donde el obispo narró parte de sus vivencias dentro del Episcopado ante las violaciones a los derechos humanos. «Tengo recuerdos tristes», dijo. Y precisó: «Lo que yo eché de menos fue la falta de una declaración más directa, que señalara a los culpables».

Lamentó también que los obispos le hayan prestado su tribuna de San Miguel —donde sesiona su plenario— al entonces ministro de Economía José A. Martínez de Hoz, pero no a los obreros. Pero, sobre todo, que el general Roberto Viola y otros militares hayan ido a explicar la represión. «Cenaron con los obispos y después pasaron un video sobre »la conversión de un montonero», pero yo no lo vi, no aceptaba eso», contó.

El obispo ensayó su interpretación de esa «mortificante desproporción, tan amplia para escuchar a los integrantes de un gobierno de facto, con sus manos sucias de sangre». Y concluyó: «Creo que había una cierta inclinación a pensar que el gobierno militar y sus funcionarios eran los buenos cristianos porque nos habían liberado del marxismo».

_______________________
Fuente: Diario «Clarín», 10/07/2001

Dejar un comentario