Buscó la unidad para dar testimonio de vida, justicia y paz

El Obispo Jorge no era apenas Obispo de la Iglesia de ustedes, ha sido un hombre que ha enviado Dios para todos los cristianos en este rincón del mundo. Así lo hemos vivido nosotros y es por eso que queremos dar gracias a Dios por este gesto tan grande, tan profundo, tan en el sentimiento suyo de buscar la unidad no para sentirnos mejor sino para dar testimonio de vida de justicia y de paz, en este mundo tan necesitado, tan sufrido y tan dolorido.

Dice el Salmista: “El Señor lo ha amado”. Fue Él quien le ha dado la vida en aquel pequeño pueblo de San Miguel Arcángel del cual tantas vocaciones han salido, no sólo católicas, sino también evangélicas y donde él aprendió a caminar junto con hermanos y hermanas desde temprana edad. Y el Señor se lo ha llevado con Él. Dios Padre, Madre, gracias por todo lo que has puesto en este hermano nuestro, desde el día de su nacimiento hasta el día en que ha regresado junto a Ti. Tú lo has llenado y colmado de bendiciones que miles de hermanos y hermanas han podido sentir.

Oh, Dios sólo resta pedirte, que en su lugar pongas en esta diócesis hermanos y hermanas con ese mismo espíritu para que Tu voluntad de que trabajemos en la unidad, en la justicia y la paz pueda continuar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Pastor Juan Pedro Schaad

(Celebración Ecuménica en la catedral de Quilmes el 10 de julio 2001, durante el velatorio del Padre Obispo Monseñor Jorge Novak)

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