Últimas reflexiones

Reflexiones confiadas por el Obispo Jorge Novak a un sacerdote, en la noche entre el domingo 1º y el lunes 2 de julio de 2001, en el Sanatorio Modelo de Quilmes.

A propósito del Cap. 17 del Evangelio de San Juan el Obispo dijo:

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“Tu palabra es la verdad. Conságralos en la verdad… cuando leemos la Encíclica del Papa Evangelium Vitae Jesucristo es presentado como la verdad que ilumina a todo hombre. Yo pienso ahora en nuestro Sínodo Diocesano y siento que Jesús tiene que estar en el centro de nuestra reflexión La centralidad de Cristo ilumina la antropología. Con Jesús se nos ha dado una nueva antropología: antropología cristiana y trinitaria. Tenemos que concentrarnos primero en Jesús Maestro de la Verdad, superando los abismos de la maldad. Dios, metodológicamente nos ha llevado a las profundidades de la naturaleza humana… Me gustaría que se pudiera vibrar al comienzo del Sínodo con una exposición o una homilía compenetrados de esta personalidad que es Jesús en la que nos envuelve a todos nosotros. El Resucitado aparece no sólo como figura individual iluminando a toda la humanidad en su brillo, en su luminosidad, sino constituyéndose también en signo de gran esperanza para la humanidad entera.

Tu Palabra es la Verdad. Conságralos en la Verdad… Y después todo sigue sobre la iglesia y la misión, porque pienso que el Sínodo tiene que ser una respuesta a lo que el Espíritu de Dios ha revelado a la Iglesia. Con la Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte, otra vez el Papa nos presenta el rostro de Cristo y el rostro del hombre iluminado por el de Cristo. El hombre ha sido rescatado y es la gloria de Dios (San Irineo). Sólo así podemos superar las crisis de hoy: el gran enriquecimiento de pocos, el devorar los resortes de la humanidad de hoy. Jesús se metió en nuestro dolor para rescatar al hombre y llevarlo a la dignidad de Dios.

Después nuestro Sínodo tendría el segundo bloque: ¿Qué es la Iglesia? Jesús quiso entregar los frutos del misterio pascual a la Iglesia, por eso la Iglesia es, antes que todo, espacio de comunión. ¿Quiso Jesús una estructura física o quiso algo distinto? La Iglesia está para administrar los misterios pascuales. No será perfecta. Siempre habrá manchas. El tiempo de la Iglesia es una época provisoria, la Iglesia es antes que todo una comunidad de amor, llamada a donar los Sacramentos y a crear comunión. Por eso es importante el Ecumenismo y que Cristo esté en el centro de la Iglesia.

El tercer bloque de nuestro Sínodo es la misión. La Iglesia es misión o no es. Y aquí tenemos que apuntar a la catequesis, a la educación, a los jóvenes, a los nuevos areópagos, a la comunicación, pero antes que todo hay que apostar a la caridad. Hay que salir constantemente a testificar que el Amor ha instalado su imperio en los corazones de los humildes.

Conocí aquí a una señora que hace limpieza en el otro piso y todos los días 7, en agradecimiento a Dios por el trabajo que tiene, amasa pan para los pobres y lo distribuye con mucho amor y me preguntaba si estaba bien lo que ella hacía, yo le contesté que esto es un signo de amor a Dios, que ella es una señal de que el amor está vivo. Esta señora es chaqueña y de vez en cuando recoge ropa y la lleva al Chaco… Apostar por la caridad no sólo en grandes campañas sino en los gestos simples de los humildes. Creer que el Espíritu Santo mantiene el sentido de la fe no sólo en el magisterio sino en la gente simple.

Imagino un gesto para el Sínodo: yo introduciría a mi sucesor entregándole un librito con las conclusiones del Sínodo. No quiero condicionar a mi sucesor, sino tenemos que hacer esto como respuesta a lo que nos pide el Papa después del año jubilar.

En síntesis: encuentro con Jesús, encuentro con el hombre, el sentido de la Iglesia, la espiritualidad de comunión, diálogo ecuménico e interreligioso, el amor a los más pobres. La vigencia del amor es la que atempera no solo las relaciones de un país sino también las históricas divisiones mundiales. La Iglesia no es una comunidad perfecta sino que tiene que seguir nadando en este río del mundo con todo lo que hay, confiando en el Espíritu, para que un día en el cielo pueda encontrarse sin manchas ni arrugas con el Cristo, su Esposo”.

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