De él aprendí lo que es defender la vida amenazada y atropellada

Soy la Hna. Renza, de la Congregación de las Hermanas de San José de Cuneo. Tuve la suerte de conocer al P. Obispo Jorge Novak en febrero del año 1979, en Cuneo – Italia, en la sede de mi Congregación. Hacía unos meses que, con otras hermanas, nos estábamos preparando para venir a la Argentina. Nuestra llegada se demoró por no conseguir el permiso de entrada al País. El P. Obispo vino para asegurar a la Congregación nuestra entrada a la Argentina. El encuentro fue fraterno, y les aseguro que quedé impresionada por su porte, su sencillez y cómo hablaba de la realidad argentina. Finalmente, el 2 de noviembre del mismo año, llegamos a la Argentina y a la Diócesis de Quilmes.

Como comunidad de Hermanas fuimos a vivir en una casa del barrio San Juan, de Berazategui. El P. Tarsicio fue el que nos recibió junto a un grupo de mujeres del barrio, que fueron para nosotras hermanas, madres y amigas. El P. Obispo nos visitó a los pocos días para darnos la bienvenida. Fue un encuentro muy cálido y fraterno. De ahí en más podría contar muchas cosas, pero quiero simplemente mencionar lo que ocurrió en septiembre de 1989. Desde mi llegada al País, siempre participé y asumí tareas y servicios a nivel diocesano, además de actividades pastorales y sociales en la parroquia San José, Santa Cecilia y sus Capillas. Por lo cual siempre me relacioné con él. Pero en esta fecha, septiembre 1989, el me pidió expresamente acompañar a los Hogares Madre Teresa, que habían empezado a funcionar un año antes. Dos años después, fui nombrada directora de Caritas diocesana.

Viví muchos momentos fuertes y de cercanía con él. Desde ese momento, mi relación con él fue mucho más frecuente. Además, me encontraba periódicamente para evaluar problemáticas sociales en las que estaba implicada Caritas o los Hogares, como también el camino a seguir.

Enumero algunas cosas que aprendí de él, por sus palabras, toma de decisiones y sobre todo por su ejemplo de vida, antes, durante y después de su enfermedad. Antes que nada, de él aprendí lo que es defender la vida amenazada y atropellada. Vida de personas y de grupos. La vida, por pequeña que sea, hay que cobijarla, protegerla, envolverla de amor y cariño para que tenga nuevas oportunidades. Nunca hay que juzgar, en las situaciones más complejas, donde es difícil ver con claridad lo bueno y lo malo, hay que optar por el mal menor, dar tiempo y confiar que Dios hará ver los pasos a seguir.

Él me hizo entender que muchas situaciones no las podemos resolver nosotros, solamente el Señor puede sanar heridas profundas, dar el Don y la capacidad de perdonar y la fuerza por seguir luchando a pesar de todo, contra viento y marea y recobrar el sentido de la vida y la alegría de vivir. También aprendí que la Caridad no se mide por lo que uno da, ni tampoco por los resultados o por la cara del que recibe o porque va a la Iglesia. Dios a nosotros nos dio y nos da gratuitamente, más allá de lo que nosotros somos, hacemos y creemos. Otra gran verdad que aprendí, se dice que todos los hombres son iguales: no es verdad, un niño que nace en un barrio privado, no es igual a uno que nace en una familia en situación de marginación. Las oportunidades de vida no son las mismas. Por todo esto, entendí lo que significaba para el P. Obispo Jorge Novak, la opción por los pobres.

Una última cosa, él me ayudó a vivir en paz conmigo misma y con los demás y con la sociedad y sobrellevar las frustraciones de la vida y del servicio. Dios está. Y Dios en Jesucristo ha vencido la muerte. Nosotros somos llamados a vivir la misma experiencia. Hay que aprender a contemplar la realidad y descubrir la presencia amorosa y providente de Dios, aún en medio de los hechos más dolorosos.

Lo vi llorar y lloré con él más de una vez, pero siempre lo vi esperanzado y tratando de infundir esperanza. Por eso, termino recordando el refrán: “es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”.

Hna. Catherin Bono “Renza”
Hermanas de San José de Cuneo
Hogar Madre Teresa – Quilmes

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